UN ENCUENTRO INESPERADO
Me levanto de mi cama un poco extraño, ansioso mas que de costumbre; me dirijo hacia la ducha y en medio de la inmersión siento una escalofriante emoción, un efecto nunca antes percibido.
En el momento de colocarme la ropa de trabajo, siento que debo tomar mi bici y salir en ella lo más lejos que pueda, sin dudarlo escapo de mi casa, tomo la ruta hacia Barcelona y me voy escuchando música, ¡no cualquiera!, mi mente dice rápidamente una en especial, es tranquila y ligeramente melancólica; por momentos toma fuerza con cálidos acordes mayores, más de repente la entrada de esos perfectos acordes disonantes generan una tétrica sensación. En realidad me produce placer, generando un viaje agradable, pero siento que no soy dueño de lo que estoy haciendo, alguien más lo hace por mi, por lo menos la persona habitual de todos los días no lo haría, pero ahí estoy; como si se tratase de un encuentro inesperado, y lo es, sin embargo aún soy inocente de ese porvenir fortuito.
A lo lejos puedo observar una multitud de ciclistas, poco a poco me voy acercando, sutilmente percibo y todos son grandes en existencia, sorprendido al notar lo saludables, venturosos que se encuentran, interrogo a uno de ellos y para mi sorpresa surge algo inconmensurable, al mismo tiempo espantoso, quedando mi cuerpo inmóvil, mis ojos penetrando los suyos, es como si lo conociera de toda la vida, pero la cobardía me aniquila, no obstante siento una fuerza en mi interior diciéndome; ¡enfrenta la situación!.
Seguidamente su voz se introduce en las más íntimas entrañas de mí ser, sinceramente me intimida, y luego pregunta:
¿Que tal la semana?, una pregunta sencilla para una mente torpe llena de cerote, tartamudeo y luego replico: normal ya sabes, ¿y dejarás que lo siga siendo?; ¿que debo hacer para que sea diferente?; mírame detenidamente, ¿que ves?; es difícil acertar, es demasiado para mi intelecto.
Luego repone: -prudencia, estoicismo, recuperación, es lo que intentas construir, pero la monotonía no te deja avanzar.
Luego añado: ¡Lo sé!, ¿pero que decisión debo tomar? Se llama Fe con acción; sin ella ahora mismo no existiera, no existieras. Se escapa una sonrisa de mi semblante, luego añado: es muy raro; por qué me has traído hasta aquí?, no lo hice, tú lo has hecho, tú conciencia me ha llamado.
Espero que este encuentro valga la pena, de lo contrario seré otro, ¿lo sabes verdad?
En ese momento cierro mis ojos y siento que debo volver, pero al abrirlos ya no estaba él, siento como una parte de mí se ha ido, sin embargo en algo acierto y con firmeza sé que pronto volverá. Todo depende de mi.
Al regresar a casa, no dejo de pensar en aquel hombre, en aquellas preguntas sencillas pero profundas, en aquel sentimiento de culpa que ha creado en mi conciencia, y me siento absorto, confundido. ¡De pronto! sin darme cuenta del presente, siento una fuerte colisión, mi cuerpo quedando suspendido en el aire, el panorama se pierde completamente, las imágenes en mi retina se desdibujan y siento pavor porque la oscuridad se hace presente, viene a mi mente aquellas escenas de niño cuando jugaba con mis primos al escondite, y en realidad no me gustaba ese juego porque solíamos escondernos en la oscuridad.
Inesperadamente puedo ver a lo lejos una luz muy intensa, observo una silueta de un hombre, es como si todo su cuerpo lo cubriera aquella fuente radiante, sin dudarlo corro lo más rápido que puedo hacia aquella luz, pero cada vez que avanzo la reparo más lejos, es como si estuviera del revés, no lo entiendo, mi corazón se agita, las pulsaciones cada vez son mayores, y de sopetón explota aquella luminosidad quedando en completa ofuscación.
Ahora la sensación es aún más fuerte que el miedo, es desesperanza, ¿te has sentido alguna vez sin esperanza? Porque en este momento la siento como penetración en los huesos, es la evocación de que todo está perdido. Sorpresivamente escucho una voz declarando con autoridad: este es tu destino, eres el protagonista de esta escena. Inmediatamente giro hacia mi derecha para verle su rostro y alucino al darme cuenta de que se trata de aquel hombre robusto, saludable, con extensa longevidad, pero apenas se hace formal este encuentro inesperado entre nosotros.
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